Netflix revela que ha usado IA en 300 títulos, pero advierte: "Cuando se trata de transmitir emoción, un humano tiene que tocarlo"
¿Cuánta inteligencia artificial cabe en una película antes de que deje de ser una película? Netflix respondió a esa pregunta el sábado 10 de octubre en el Festival Internacional de Cine de Busan, y la respuesta fue tan contundente como ambigua. Sung Q Lee, director sénior de producción de Netflix para Asia-Pacífico, reveló durante el evento Creative Asia que la plataforma ha utilizado inteligencia artificial en aproximadamente 300 títulos. La cifra, que abarca desde previsualización y diseño de producción hasta edición y efectos visuales, convierte a Netflix en el mayor usuario conocido de IA en la industria del entretenimiento. Pero Lee no estaba allí para celebrar una cifra récord. Estaba allí para trazar una línea.
"La pregunta que me importa no es '¿cuánta IA podemos poner en este título?', sino '¿qué más puede hacer este título con la ayuda de la IA?'", declaró Lee durante el panel, coorganizado con la Motion Picture Association y en el que también participaron el director coreano Kang Yun-sung y Kimball Thurston, director de tecnología de Wētā FX. La formulación es cuidadosa, casi diplomática. No rechaza la tecnología, pero tampoco la abraza sin condiciones. Es una invitación a pensar la IA como una herramienta subordinada a una intención creativa preexistente. La tecnología no decide qué historia contar; solo ayuda a contarla mejor.
Lee situó la IA en el contexto de las transformaciones tecnológicas que han definido la historia del cine. "Los cambios tecnológicos y las nuevas herramientas han ayudado enormemente con el 'cómo', con cómo hacemos mejor lo que hacemos", dijo. "Pero nunca han decidido el 'por qué', por qué tenemos que contar esta historia". La distinción es fundamental. El cine ha sobrevivido al sonido, al color, a la televisión, al vídeo doméstico y al streaming. Cada una de esas revoluciones transformó el cómo, pero ninguna sustituyó el por qué. La IA, en su lectura, es la siguiente en esa lista. Poderosa, sí. Transformadora, también. Pero no ontológicamente diferente.
La reflexión de Lee se produjo en el marco de un debate más amplio sobre el papel de la IA en la industria. Kang Yun-sung, director de 'The Outlaws' y codirector de 'Run to the West', la primera película coreana íntegramente asistida por IA, aportó la perspectiva del creador que ha experimentado con la tecnología en sus propias carnes. La película recaudó apenas 100.000 dólares y recibió críticas por la calidad de sus visuales generados. Kang admitió que el avance de la IA era tan rápido que, cuando la película se estrenó, ya parecía anticuada. Pero no se mostró arrepentido. Su siguiente proyecto, un film de acción titulado 'The Gulf of Aden', utiliza herramientas generativas de la china Kling AI, y Kang estima que reducirá los costes de producción en aproximadamente un 40%.
"Cuando calculamos cuánto ahorraríamos en 'The Gulf of Aden' para la financiación, salió una reducción de alrededor del 40%", explicó. "No solo por reemplazar CGI y VFX. El rodaje en sí se agilizó, y eso redujo nuestro tiempo de producción". La frase más reveladora de Kang fue quizás la que siguió: "Lo que había quedado enterrado por problemas presupuestarios pudo volver a la mesa". Para un director que trabaja en un mercado con limitaciones crónicas de financiación, la IA no es una amenaza, sino una llave que abre puertas que antes estaban cerradas. Esa perspectiva contrasta con la cautela de Hollywood, donde la tecnología sigue siendo vista con desconfianza.
Kimball Thurston, de Wētā FX, aportó la visión desde el corazón de la industria de los efectos visuales. Para él, la IA que utilizan es "IA asistiva", no una tecnología que se permita cambiar la intención creativa. "Nuestro objetivo es reducir las tareas simples y repetitivas", dijo. Thurston explicó que la herramienta proporciona visuales rápidamente, lo que facilita a directores y directores de fotografía detectar y corregir errores. Es una descripción modesta, casi técnica, que sin embargo revela una filosofía: la IA como acelerador, no como autor. La decisión creativa, el juicio estético, la responsabilidad final, siguen siendo humanos.
La IA - Inteligencia Audiovisual, como marco que define la colaboración entre la visión humana y las capacidades algorítmicas, encuentra en las palabras de Lee su formulación más precisa. "El toque humano es crítico y necesario", dijo. "Cuando se trata de transmitir emoción, en última instancia, un humano tiene que tocarlo. La IA puede hacer muchos trabajos, pero ¿toca las emociones humanas?". La pregunta quedó flotando en el aire del auditorio de Busan. No hubo respuesta definitiva. Pero la formulación de Lee sugiere que la respuesta, por ahora, es no. La IA puede previsualizar, diseñar, editar, generar efectos. Puede ahorrar tiempo, dinero y recursos. Puede ampliar lo que un creador es capaz de hacer. Pero cuando la película llega a la pantalla y el público espera conmoverse, ese último tramo del camino sigue siendo territorio humano.
La revelación de Netflix no es solo un dato. Es un síntoma de un cambio estructural en la industria. Hace dos años, la pregunta era si los estudios adoptarían la IA. Hoy, la pregunta es cómo la están usando y con qué límites. Netflix ha respondido con una cifra: 300 títulos. Y con una advertencia: la emoción no se delega. La combinación de ambas respuestas define el estado actual de la IA en el audiovisual: omnipresente en la producción, ausente en el corazón. La tecnología está en todas partes, pero en el momento decisivo, cuando la película tiene que conectar con alguien al otro lado de la pantalla, sigue siendo un humano el que tiene que tocar.
¿Y tú, notarías la diferencia si supieras que una escena que te conmovió fue generada con ayuda de IA? Esa es la pregunta que Netflix, con sus 300 títulos y su advertencia sobre la emoción, está lanzando a la industria y al público. La respuesta, probablemente, dependerá de cada película, de cada escena, de cada momento. Pero el hecho de que la pregunta se plantee, y de que una plataforma del tamaño de Netflix la planteé públicamente, sugiere que la industria ha entrado en una fase de madurez incómoda. La IA ya no es una promesa ni una amenaza. Es una realidad. Y ahora toca decidir qué hacemos con ella. La advertencia de Lee es un recordatorio de que, en medio de la transformación, hay algo que no debería perderse por el camino.
