Ben Affleck defiende el uso ético de la IA en 'Animals': "No se trata de crear personas falsas ni de reemplazar a nadie, nunca"
¿Dónde está la línea entre usar la inteligencia artificial como herramienta y dejar que la herramienta te use a ti? Ben Affleck cree haberla encontrado. En la promoción de 'Animals', su nuevo thriller para Netflix que se estrena este 9 de octubre, el actor y director ha defendido un uso de la IA que describe como "ético" y "muy humano". Su argumento no es una concesión a la tecnología, sino una declaración de principios: "No se trata de crear personas falsas ni de reemplazar a nadie, nunca". La frase, pronunciada durante el evento Bloomberg Screentime y repetida en la alfombra roja del estreno, resume una postura que está generando tanto admiración como escepticismo en una industria que aún no ha digerido su relación con la IA.
La primera regla de Affleck es la más contundente: no usar nada que se haya entrenado con obras protegidas por derechos de autor o con el trabajo de colegas y referentes. "Esa fue la razón por la que creamos un dataset propietario, para que no tuviera que ser extractivo", explicó. El dataset de 'Animals' se construyó exclusivamente con material propio de la producción, lo que significa que la IA utilizada aprendió de los fotogramas, las voces y las decisiones creativas del propio equipo, no del corpus acumulado de la humanidad. Es una distinción que Affleck considera fundamental, porque aborda directamente el miedo que recorre Hollywood: que las máquinas se alimenten del trabajo de artistas sin su permiso ni compensación.
La segunda regla es la invisibilidad. Affleck se resiste a detallar en qué partes de la película se usó la IA porque hacerlo, dice, rompería la ilusión de realidad que el cine intenta construir. "Es como si fueras a un espectáculo de magia y el mago saliera y dijera: 'Antes de empezar, quiero que sepan que hay otro conejo aquí debajo'", ejemplificó. La IA, en su visión, debe ser un instrumento discreto, no un protagonista. Si el público puede verla, está mal usada. Es una filosofía que contrasta con la de quienes celebran cada avance tecnológico como un fin en sí mismo, y que conecta con una tradición más antigua: la del cine como artificio que debe ocultar sus costuras para funcionar emocionalmente.
La paradoja es que Affleck no es un tecnófobo. En 2022 fundó InterPositive, una compañía de IA que Netflix adquirió por cerca de 600 millones de dólares, y él permaneció vinculado como asesor principal. Su apuesta no es rechazar la tecnología, sino domesticarla. "Me preocupaba que la mayoría de los modelos en uso se hubieran entrenado con el trabajo de mis colegas, el de personas que conozco, y eso me incomodaba", ha declarado. Su propuesta es que cada cineasta pueda entrenar herramientas a partir de su propio trabajo durante la realización de una película y conservar así el carácter particular de su producción. Es un modelo de IA que no aspira a la universalidad, sino a la singularidad: cada proyecto genera su propia inteligencia, irrepetible, intransferible.
Esta aproximación encaja con lo que entendemos por IA - Inteligencia Audiovisual: la sinergia entre la visión humana y las capacidades algorítmicas, donde la máquina no sustituye al creador sino que se pliega a sus decisiones. La IA no escribe el guion ni dirige a los actores; procesa, acelera, ejecuta tareas que de otro modo consumirían semanas de trabajo. En 'Animals', una película de secuestros y política sin grandes efectos visuales, la tecnología se usó para "cosas" que Affleck no detalla, pero que permitieron "avanzar más rápido en algunos casos, sobre todo en la posproducción, y hacer cosas que no habríamos podido realizar". Es una descripción modesta, casi deliberadamente vaga, que sin embargo dice mucho sobre cómo concibe su oficio: el director dirige, la herramienta asiste.
La tercera regla, implícita pero poderosa, es la del control. Affleck sostiene que el miedo a la IA disminuye "cuando los profesionales la prueban y adquieren una sensación de control". La tecnología deja entonces de parecer una amenaza abstracta asociada a la idea de que "va a matarnos a todos". Es un argumento psicológico más que técnico: el miedo se disuelve con la familiaridad, y la familiaridad se adquiere con el uso. Pero también es una advertencia velada a quienes no experimentan. Los creadores que se niegan a tocar la IA no están protegiendo su oficio; están cediendo el terreno a quienes sí lo hacen, y con ello, el poder de definir cómo se usará.
La estrategia de Affleck tiene un precedente incómodo: él mismo vendió su empresa de IA a Netflix. Algunos críticos han señalado la contradicción entre defender un uso ético y beneficiarse económicamente de la expansión de la tecnología. Pero Affleck no evita el conflicto; lo habita. "No creo que algún día exista un 'escríbelo y haz una peli que la gente quiera ver'", ha dicho, descartando la fantasía de la creación automática. "No creo que eso llegue a suceder de una manera que a alguien le importe lo suficiente como para querer verlo". Para él, el cine es uno de los ámbitos con menores posibilidades de ser reemplazado completamente por la IA, porque su valor no reside en la eficiencia sino en la conexión humana.
La pregunta que subyace a todo esto no es si Affleck tiene razón, sino si su modelo es replicable. Su acceso a recursos, su posición en la industria, su capacidad de fundar una empresa de IA y venderla a Netflix: nada de eso está al alcance de la mayoría de los creadores. Su "uso ético" es, en cierto sentido, un privilegio. La ética de la IA no se define solo por las intenciones del director, sino por las condiciones materiales en las que se usa. Un cineasta independiente que recurre a un modelo de código abierto entrenado con obras ajenas no tiene la misma capacidad de elegir un dataset propietario. La línea que Affleck traza es clara, pero está trazada desde una posición que pocos pueden permitirse.
¿Dónde trazas tú la línea entre usar la IA como herramienta y dejar que la herramienta te use a ti? Es la decisión que cada creador enfrenta cuando abre una aplicación de IA y se pregunta si lo que va a hacer sigue siendo suyo. Affleck ha dado su respuesta. No es la única posible, pero es una que merece ser discutida. Porque el futuro del cine no se decidirá solo en los despachos de los estudios o en los laboratorios de Silicon Valley. Se decidirá en cada gesto, en cada elección, en cada línea que los creadores tracen entre lo que la máquina puede hacer y lo que ellos están dispuestos a dejarle hacer.
Encuentra las declaraciones completas de Ben Affleck, los detalles de su empresa InterPositive y las reacciones de la industria en los artículos de The Hollywood Reporter: https://www.hollywoodreporter.com/movies/movie-news/ben-affleck-approach-ai-ethically-animals-replacing-1236720613/
