La paradoja de la imperfección: cuando la IA puede corregir cada error, ¿qué pasa con el accidente que convierte una película en arte?
David Fincher lleva treinta años obsesionado con un error. En una escena de bar de "Se7en", su obra maestra de 1995, la cámara panea tarde y se pasa de largo, revelando más del bar de lo que el director quería mostrar. Es un fallo técnico mínimo, imperceptible para casi cualquier espectador, pero Fincher no lo ha olvidado en tres décadas. Cuando preparó la restauración en 4K y la reedición en IMAX de la película, utilizó inteligencia artificial para corregirlo. También arregló una chaqueta de cuero que no encajaba del todo en otra escena, restaurando la parte que faltaba combinando imágenes de otras tomas. Lo llamó "el arreglo más emocionantemente estúpido del mundo". Y tiene razón: es estúpido porque nadie, salvo él, lo habría notado. Y es emocionante porque, por primera vez, un director pudo corregir un error que antes era imposible de arreglar sin volver a rodar. La anécdota de Fincher es perfecta para formular la pregunta que debería inquietar a toda la industr...