¿Qué ocurre con el "error humano" cuando la IA puede corregirlo todo?
David Fincher, el director obsesionado con la perfección, ha vuelto a hacer de las suyas. En la restauración en 4K de "Se7en", su obra maestra de 1995, el cineasta utilizó inteligencia artificial para corregir "un montón de pequeñas cosas". El arreglo más llamativo fue una chaqueta de cuero que no encajaba del todo en una escena; la IA restauró perfectamente la parte que faltaba combinando imágenes de otras tomas. Fincher lo llamó "el arreglo más emocionantemente estúpido del mundo". Y tiene razón: es estúpido porque nadie, salvo él, lo habría notado. Y es emocionante porque, por primera vez, un director pudo corregir un error que antes era imposible de arreglar sin volver a rodar. La anécdota es perfecta para formular la pregunta que debería inquietar a toda la industria: si la IA puede corregir cualquier error técnico, ¿qué pasa con el error humano como lenguaje artístico? Porque el cine, desde sus orígenes, se ha construido sobre esos "defectos...