Werner Herzog advierte a la nueva generación: "Sed muy cuidadosos con la IA, la cosa se va a poner muy difícil"

El 18 de septiembre de 2026, Werner Herzog subió al escenario del Festival de San Sebastián para recibir el Premio Donostia a toda una vida dedicada al cine. Tenía 84 años, una película recién terminada —'Bucking Fastard', con Orlando Bloom y las hermanas Rooney y Kate Mara— y un discurso que, lejos de ser un balance nostálgico, se convirtió en una advertencia. "Quiero ser muy claro con los jóvenes", dijo. "No viváis una vida dictada por algoritmos. Mantened vuestra atención". Y luego, sin rodeos: "Mucho cuidado ahora con la IA, la cosa se va a poner muy difícil".

La intervención de Herzog no fue un comentario aislado sobre una tecnología emergente. Fue un diagnóstico sobre el presente, formulado desde la experiencia de alguien que ha pasado seis décadas filmando los extremos de la condición humana. "Casi todo lo que hacemos ahora está dictado por el contexto social. Ahora todo es performativo y en realidad no hay nada malo en eso, pero tenemos que defender nuestras almas de todos los ataques que nos vengan de fuera y que intenten ocupar nuestras almas", declaró. La palabra "alma" no es un recurso retórico en Herzog. Es el centro de su filmografía, el territorio que ha explorado en la selva amazónica, en los volcanes de Indonesia, en los desiertos de Australia. Y ahora ve ese territorio amenazado por algo que no se puede filmar: los algoritmos.

La IA - Inteligencia Audiovisual, entendida como la sinergia entre la creatividad humana y las herramientas algorítmicas, encuentra en las palabras de Herzog una advertencia que no puede ignorar. No se trata de una condena de la tecnología, sino de una llamada a la vigilancia. Herzog no dice "no uséis la IA". Dice "sed muy cuidadosos". La diferencia es crucial. No rechaza la herramienta; advierte sobre su capacidad de colonizar el espacio donde se forma la mirada. Y en un mundo donde la atención es el recurso más escaso y más disputado, esa advertencia adquiere una urgencia que trasciende el cine.


Anciano frente a tentáculos de algoritmos con constelación IA y jóvenes absortos en pantallas
Prompt de imagen: Cosmic horror que representa una figura anciana y demacrada, con la mirada perdida hacia un horizonte de datos y algoritmos que se retuercen como tentáculos de una entidad informe. En el cielo, una constelación de ceros y unos forma la palabra "IA". Alrededor, jóvenes siluetas caminan absortas mirando pantallas, ajenas a la presencia monstruosa que se cierne sobre ellas. La paleta es de verdes enfermizos, negros profundos y destellos de luz fría. Iluminación onírica y opresiva, con texturas de pesadilla.


La intervención de Herzog se produjo en un contexto que la hacía especialmente significativa. El festival de San Sebastián no solo le rendía homenaje; también proyectaba su nueva película, una ficción sobre dos hermanas gemelas que se comportan como una sola persona, hablan al unísono y comparten sueños y amores. "Es una ficción completamente inventada", aclaró Herzog, quien destacó que construyó el relato "alejado de las formas narrativas más habituales del cine de Hollywood" y más cercano a "un mundo poético". La coincidencia no es casual: una película sobre la disolución de los límites individuales, presentada en el mismo acto en que su autor advierte sobre la disolución de la atención individual en los algoritmos.

Herzog no es un tecnófobo. A lo largo de su carrera ha utilizado todo tipo de herramientas, desde cámaras ligeras hasta drones, para capturar imágenes que otros consideraban imposibles. Su objeción no es técnica, sino existencial. "En el momento en el que el mundo empieza a ocupar nuestra alma tenemos que ser muy vigilantes", dijo. La IA, en su lectura, no es solo una tecnología que genera imágenes o textos. Es una fuerza que, por su capacidad de predecir, sugerir y moldear nuestros deseos, puede ocupar el espacio de la vida interior. Y ese espacio es, para Herzog, el único lugar donde puede nacer una obra de arte.

La advertencia de Herzog resuena con una paradoja que recorre el debate actual sobre la IA en la creación audiovisual. Por un lado, las herramientas generativas prometen democratizar el acceso a la producción, eliminar barreras técnicas y ampliar las posibilidades expresivas. Por otro, existe el riesgo de que esa comodidad conduzca a una homogeneización estética, a una creatividad dictada por los patrones que los modelos han aprendido de millones de obras anteriores. Herzog no teme a la máquina que genera; teme al creador que deja de imaginar porque la máquina ya lo ha hecho por él.


La recomendación de Herzog a los jóvenes —"mantened vuestra atención mientras caváis un agujero en el suelo o construís una pequeña casita en un árbol"— puede parecer ingenua en un mundo dominado por las pantallas. Pero encierra una pedagogía de la resistencia. La atención no es un recurso pasivo; es una facultad que se cultiva, que se defiende, que se ejerce. Herzog propone actividades que requieren presencia, paciencia y una relación directa con el mundo físico. No es una huida de la tecnología, sino una manera de recordar que la creación artística nace de la experiencia vivida, no de la combinación de datos.

La IA - Inteligencia Audiovisual, en su mejor versión, no debe reemplazar esa experiencia. Debe amplificarla. Un director que ha pasado horas observando cómo la luz cambia en un valle puede usar la IA para explorar variaciones de esa luz que nunca habría podido filmar. Un guionista que ha vivido una pérdida puede usar la IA para generar escenas que exploren ese dolor desde ángulos que no había considerado. La tecnología no sustituye la vivencia; la traduce, la expande, la somete a prueba. Pero si el creador no tiene nada que traducir, si su vida interior ha sido colonizada por los algoritmos, entonces la herramienta no amplifica nada. Solo reproduce vacío.

Herzog, a sus 84 años, sigue trabajando. Terminará su nueva película en tres días, dijo, y está escribiendo dos libros. "No trabajo salvajemente, lo hago con fluidez", aclaró, rechazando la etiqueta de adicto al trabajo. Esa fluidez, esa capacidad de mantener un ritmo creativo sin dejarse devorar por la ansiedad de la productividad, es quizás la lección más profunda de su intervención. La IA promete velocidad, eficiencia, escala. Herzog ofrece lo contrario: tranquilidad, atención, presencia. Y en esa diferencia se juega algo más que el futuro del cine. Se juega el futuro de la creatividad humana.

La advertencia de Herzog no es un lamento apocalíptico. Es una invitación a la responsabilidad. Cada vez que un creador abre una herramienta de IA, toma una decisión: delegar o amplificar, automatizar o explorar, dejar que el algoritmo dicte o usarlo como un interlocutor al que se interroga y se contradice. Herzog no pide que se renuncie a la tecnología. Pide que se defienda el alma. Y esa defensa, en la era de la IA, es el acto creativo más importante que un artista puede realizar.

Encuentra las declaraciones completas de Werner Herzog y los detalles de la rueda de prensa en el artículo de Europa Press: https://www.europapress.es/cultura/cine-00128/noticia-werner-herzog-premio-donostia-festival-san-sebastian-no-vivais-vida-dictada-algoritmos-20260918162255.html

Más temas