Zack Snyder y Guillermo del Toro trazan la línea roja de la IA en el cine: "Los humanos deben ser humanos" y la creación es "alquimia, no ecuaciones"n

La misma semana, dos de los cineastas más visualmente distintivos de Hollywood han articulado posturas que, sin haberse coordinado, trazan una misma línea roja frente a la inteligencia artificial. Zack Snyder, el director de "300" y "El hombre de acero", habló en el podcast "Happy Sad Confused" durante el Festival de Toronto. Guillermo del Toro, el autor de "El laberinto del fauno" y "La forma del agua", respondió a los fans en una sesión de preguntas y respuestas en Reddit. Sus argumentos son distintos, pero convergen en una conclusión incómoda para la industria: hay algo en el cine que la máquina no puede hacer, y ese algo es precisamente lo que lo convierte en arte.

Snyder fue directo, casi brutal en su simplicidad. "La IA no debería hacer ningún plano. Los humanos deberían hacer los planos, y los humanos deberían estar en las películas", declaró. La frase condensa una postura que no es tecnófoba, sino agencial: la cuestión no es si la IA puede generar imágenes, sino quién tiene el derecho de decidir qué imágenes merecen existir. Snyder admitió que tiene ChatGPT en su teléfono y que lo usa a diario. Pero cuando se trata de la composición visual de un plano, su postura es inflexible. "El encuadre, la composición. No quiero que la IA haga planos". La distinción es crucial: la IA puede ser una herramienta de consulta, de organización, de asistencia. Pero el acto de mirar a través de una cámara y decidir qué entra en el encuadre es un gesto humano que Snyder no está dispuesto a delegar.

Del Toro, en cambio, no habló de planos ni de encuadres. Habló de alquimia. Un fan le preguntó qué es lo más valioso que se pierde cuando una computadora genera una imagen en lugar de una mano humana. Su respuesta fue una clase magistral de filosofía de la creación. "La IA es como un motor súper rápido que hace permutaciones semi-conscientes de cosas que ya están hechas. Crear es hacer cosas que nunca antes se han hecho. Que lleguen a existir", dijo. Para ilustrarlo, contó la historia del Hombre Pálido, la criatura icónica de "El laberinto del fauno". El diseño original tenía un rostro de anciano. Un día, Del Toro vio una foto de una manta raya. Otro día, vio el póster de "Phantasm", la película de Don Coscarelli. Esas dos imágenes, aparentemente inconexas, se combinaron en su mente a lo largo de semanas. El resultado fue la decisión de quitar la cara al personaje y colocar sus ojos en las palmas de las manos. "Esa combinación no son permutaciones que formen parte de una ecuación química. Son alquimia", explicó. "Ocurre porque pasé uno o dos meses viviendo con la idea de esta criatura. Y no es algo lineal".


Pintura expresionista de director y alquimista frente a pantalla dividida, con la frase alquimia no ecuaciones
Prompt de imagen: Pintura expresionista con trazos gruesos y colores intensos que representa dos figuras de espaldas frente a una pantalla de cine partida en dos. En la mitad izquierda, un director con claqueta observa un plano que se forma solo, sin manos humanas. En la mitad derecha, un alquimista con delantal y manos manchadas de barro moldea una criatura de ojos en las palmas. La paleta es roja, azul eléctrico y ocre, con contornos negros gruesos. La frase "ALQUIMIA, NO ECUACIONES" aparece escrita con pinceladas violentas en la parte inferior. Iluminación de claroscuro con destellos de luz sobre las manos del alquimista.


La diferencia entre ambas posturas es sutil pero profunda. Snyder defiende la agencia humana: el derecho a decidir qué se filma y cómo se filma. Del Toro defiende la esencia humana: la capacidad de crear algo genuinamente nuevo a través de un proceso de convivencia con la idea, de accidentes, de asociaciones impredecibles. Snyder dice "los humanos deben estar en las películas". Del Toro dice "los humanos deben vivir con las ideas antes de convertirlas en imágenes". Uno habla de derechos; el otro, de procesos. Pero ambos coinciden en un punto: la IA puede acelerar, puede asistir, puede generar opciones. Lo que no puede hacer es reemplazar el juicio y la experiencia que convierten una imagen en una decisión artística.

Del Toro añadió una capa más a su argumento cuando recordó una conversación con James Cameron durante el rodaje de "Terminator 2". Cameron le enseñó cómo los destellos inesperados, los fallos controlados, los accidentes que ocurren en el set hacen que la audiencia perciba una imagen como real. "El 30% de una gran toma ocurre por accidente gracias a la interacción directa con la realidad", dijo Del Toro. Ese componente orgánico, esa fricción entre la intención del director y las condiciones impredecibles del mundo físico, es imposible de replicar mediante código. La IA genera a partir de datos existentes. El set genera a partir de lo que ocurre en el momento, con luces que no estaban previstas, con actores que improvisan, con cámaras que capturan algo que nadie anticipó. Esa imprevisibilidad es la materia prima de la alquimia.

La IA - Inteligencia Audiovisual, como marco, reconoce esta tensión sin resolverla de forma dogmática. No se trata de prohibir la tecnología ni de abrazarla sin crítica. Se trata de usarla con conciencia de sus límites. La IA puede ser un asistente valioso en tareas de producción, postproducción y previsualización. Puede generar opciones que el creador no habría imaginado. Puede acelerar procesos y reducir costes. Pero en el momento en que la máquina toma una decisión creativa que el humano no controla, la naturaleza del arte cambia. Y esa decisión, como dicen Snyder y Del Toro, debe ser humana.


Lo que hace que estas dos declaraciones sean especialmente relevantes no es que provengan de directores de prestigio, sino que articulan dos dimensiones complementarias de un mismo problema. Snyder apela a la política de la creación: quién tiene el poder de decidir qué es una película. Del Toro apela a la epistemología de la creación: qué tipo de conocimiento produce el acto de crear. Ambas dimensiones están siendo puestas a prueba por la IA. Si la máquina puede generar planos, entonces la autoridad del director sobre la imagen se diluye. Si la máquina puede generar imágenes sin proceso, entonces el conocimiento que se obtiene al vivir con una idea durante semanas se pierde. La IA no solo amenaza puestos de trabajo; amenaza las condiciones mismas bajo las cuales el arte se produce.

La postura de Snyder ha sido criticada por algunos como simplista. "Los humanos deben ser humanos" suena a tautología. Pero en el contexto de una industria que está normalizando el uso de actores digitales, de extras generados por IA y de planos creados por algoritmos, la frase adquiere una urgencia nueva. No es una defensa de la pureza del cine; es una defensa de la presencia humana como condición de posibilidad del cine. Una película hecha por humanos, con humanos, para humanos. Esa es la línea que Snyder traza, y es una línea que muchos en la industria comparten aunque no se atrevan a decirlo en voz alta.

Del Toro, por su parte, ha sido más explícito en su rechazo a la IA generativa. En 2024, durante una charla en el British Film Institute, dijo que la IA puede crear "salvapantallas semi-convincentes" y que "eso es esencialmente todo". Añadió que "el valor del arte no está en cuánto cuesta y qué poco esfuerzo requiere. Está en cuánto estarías dispuesto a arriesgar para estar en su presencia". Esa frase resume su filosofía: el arte no es un producto, es una experiencia. Y la experiencia requiere riesgo, vulnerabilidad, tiempo. La IA, que optimiza para la eficiencia, elimina precisamente esas condiciones.

La IA - Inteligencia Audiovisual, en su mejor versión, no busca reemplazar al creador humano. Busca amplificar su capacidad de expresión. Pero para que eso ocurra, el creador debe mantener el control de las decisiones que importan: qué historia contar, cómo contarla, qué imágenes merecen existir y cuáles no. Snyder y Del Toro, desde trincheras distintas, defienden esa misma idea. El cine puede usar la IA como herramienta, pero no puede convertirse en una herramienta de la IA. La diferencia es sutil, pero es la diferencia entre hacer películas y dejar que las películas se hagan solas. Y esa, al final, es la única línea que importa.

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