Danny Boyle confirma que usó IA generativa en su nueva película 'Ink': "Unos 30 segundos"n

Danny Boyle, el director de "Trainspotting" y "Slumdog Millionaire", ha confirmado lo que los asistentes al Festival de Venecia ya sospechaban: su nueva película "Ink", que inauguró la 83ª edición del certamen, ha utilizado inteligencia artificial generativa. En una entrevista con Vanity Fair desde el Festival de Telluride, el cineasta británico de 69 años admitió que "hay unos 30 segundos" de IA en el filme, una confesión que llega en un momento en que el uso de esta tecnología en el cine es uno de los temas más candentes de la temporada de festivales.

"Ink", protagonizada por Guy Pearce como Rupert Murdoch, Jack O'Connell y Claire Foy, narra el ascenso del magnate mediático y la transformación del periódico británico The Sun en la década de 1970. La película, que se estrenará en cines en diciembre y llegará a Netflix en enero, está basada en la obra de teatro de James Graham, quien también firma el guion. Lo que ha llamado la atención no es solo el uso de la IA, sino la naturalidad con la que Boyle lo ha abordado, en un momento en que muchos cineastas prefieren evitar el tema o se vanaglorian de sus efectos prácticos.

Boyle ha sido extraordinariamente transparente sobre el alcance de la tecnología en su película. "Hay unos 30 segundos en nuestra película en los que animamos un par de fotografías antiguas", explicó el director. "Ya habrás visto en internet cómo funciona: cómo se puede dar vida a fotografías antiguas". Pero la revelación no terminó ahí: "Ah, y también hay algunos ratones. Es muy buena para los animales, y teníamos algunos ratones que correteaban por la redacción de The Sun".


Composición abstracta con fotografía antigua animada, ratones y máquinas de escribir en colores naranja y azul
Prompt de imagen: Arte abstracto con una composición de planos superpuestos que evocan el cine de Danny Boyle. En el centro, un fotograma de una fotografía antigua que cobra vida, con líneas de luz que se extienden desde los bordes. A su alrededor, ratones corriendo entre rodillos de prensa y teclados de máquinas de escribir. La paleta combina el naranja vibrante de "Trainspotting" con el azul frío del periodismo de investigación. La palabra "INK" aparece fragmentada en la composición, como si fuera una mancha de tinta en expansión. Iluminación dramática con contrastes intensos.


El uso de IA para animar ratones no es una anécdota menor. Boyle recordó las críticas que recibió de PETA por utilizar chimpancés reales en "28 días después" (2002), una experiencia que lo motivó a abandonar el uso de animales reales en sus producciones. Desde entonces, ha optado por animales generados por ordenador siempre que ha sido posible, y la IA le ha permitido crear ratones correteando por la redacción sin poner en riesgo a ningún animal. Es un argumento sencillo pero poderoso: la IA puede ser una herramienta ética cuando sustituye prácticas que implican sufrimiento animal.

Pero el uso de la IA en "Ink" va más allá de los ratones y las fotografías animadas. Boyle ha explicado que la tecnología también se utilizó para recrear la figura de Margaret Thatcher, una de las apariciones históricas de la película. Sin embargo, el director ha sido cuidadoso en señalar que no se generó a la expolítica desde cero: "Contratamos a una actriz para que interpretara a Thatcher en toda esa secuencia. Pagamos a una actriz y luego simplemente reemplazamos la cabeza. Así que nunca intentamos reemplazar a nadie". Esta distinción es crucial: la IA se usó para alterar digitalmente una interpretación existente, no para crear una completamente sintética.

La decisión de Boyle de usar IA no fue un capricho artístico, sino una necesidad práctica. El director ha confesado que el presupuesto de la película no permitía recrear la Fleet Street de los años 70: "No podíamos permitirnos recrear Fleet Street. Tienes que usar fotografías y animarlas, porque ya no existe". En un contexto de producciones cada vez más caras, Boyle argumenta que la IA puede ser una herramienta para que los cineastas con presupuestos ajustados puedan contar historias que de otro modo serían inviables.



Boyle también ha señalado que su opinión personal sobre la IA no es lo que realmente importa. "No importa realmente lo que yo piense sobre la IA. Importa lo que piensen los jóvenes de 20 años. Esa es la pura verdad", declaró. Es una reflexión que trasciende la polémica del momento y apunta a un cambio generacional: los cineastas del futuro crecerán con estas herramientas y las integrarán de forma natural en su vocabulario creativo, del mismo modo que sus predecesores aprendieron a usar el CGI o la edición digital.

El caso de "Ink" es un ejemplo perfecto de cómo la Inteligencia Audiovisual puede integrarse en el cine sin perder de vista la ética ni el empleo. Boyle no ha utilizado la IA para sustituir a actores o para generar contenido de forma masiva, sino como una herramienta puntual para resolver problemas concretos: animar fotografías, crear ratones y retocar digitalmente una interpretación existente. La tecnología está al servicio de la historia, no al revés. Y esa es, quizás, la lección más valiosa que los cineastas pueden extraer de esta experiencia: la IA es una herramienta más en la caja del realizador, útil cuando resuelve un problema y peligrosa cuando intenta suplantar el talento humano.

En un momento en que el Festival de Venecia y Telluride han sido escenario de intensos debates sobre el uso de la IA en el cine, la honestidad de Boyle y su disposición a hablar abiertamente sobre el tema ofrecen un modelo a seguir. No se trata de demonizar la tecnología ni de abrazarla acríticamente, sino de usarla con respeto, pagando a los actores y manteniendo el control creativo en manos humanas. Esa es la esencia de la Inteligencia Audiovisual: la máquina como asistente, el creador como autor.

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