Macron y Corea del Sur presiden la Cumbre Lumière: el "Davos del cine" que quiere salvar la industria de la IA

El 7 de septiembre de 2026 pasará a la historia como el día en que el cine mundial decidió dejar de mirar hacia otro lado. En la localidad francesa de Saint-Paul-de-Vence, a las afueras de Niza, los presidentes de Francia y Corea del Sur, Emmanuel Macron y Lee Jae-myung, copresidieron la primera Cumbre Lumière, un encuentro internacional inédito que reunió a 200 de las personalidades más influyentes de la industria cinematográfica, audiovisual y de los videojuegos, procedentes de 55 países. La cumbre, bautizada en honor a los hermanos Lumière, inventores del cinematógrafo, aspira a ser el "Davos del cine": una plataforma multilateral para forjar nuevas alianzas y tomar acciones concretas ante un sector que atraviesa una crisis estructural sin precedentes. 

Fueron invitados Ted Sarandos, consejero delegado de Netflix; Dana Walden, presidenta de The Walt Disney Company; Donna Langley, presidenta de NBCUniversal; y Thomas Rothman, de Sony Pictures.  A ellos se sumaron directivos de los grandes estudios europeos y asiáticos, el conglomerado surcoreano CJ Group, ministros de Cultura de países africanos, y representantes de los grandes festivales de cine.  Por parte de España acudió la subsecretaria de Cultura, Carmen Páez Soria, y la directora del Festival de San Sebastián, Maialen Beloki.  Lo que hace único a este encuentro no es solo quiénes estaban, sino quiénes han estado ausentes en los grandes festivales este año: los estudios americanos han enviado a sus máximos representantes, un gesto que refleja la urgencia de un diálogo que hasta ahora se había eludido. 

El contexto es demoledor. Las salas de cine han perdido un 40% de su asistencia en los últimos cinco años, la crisis de Hollywood ha dejado heridas profundas tras las huelgas, y la irrupción de la inteligencia artificial y las plataformas gratuitas como YouTube o TikTok están reconfigurando el negocio del entretenimiento a una velocidad que la industria no alcanza a digerir.  El Centro Nacional del Cine francés (CNC), coorganizador del evento, lo ha expresado con crudeza: los modelos de negocio tradicionales del cine, la televisión y el streaming están siendo "concurrenciados por modelos low cost y el desplazamiento de audiencias hacia plataformas gratuitas".  A esto se añade la amenaza de nuevos aranceles por parte de la administración Trump y el deseo de repatriar rodajes a Estados Unidos, un escenario que ha erosionado la influencia de Hollywood. 


Mesa de conferencias con banderas de Francia y Corea del Sur y claquetas de cine en collage digital
Prompt de imagen: Collage digital que fusiona la icónica sala de cine con la cumbre diplomática. En el centro, una mesa de conferencias presidencial con las banderas de Francia y Corea del Sur. Sobre la mesa, en lugar de documentos, hay claquetas de cine y palomitas. Al fondo, una pantalla gigante de cine proyecta el logo de la Cumbre Lumière. A los lados, siluetas de los grandes estudios: Netflix, Disney, Sony. La palabra "LUMIÈRE" en grandes letras de neón dorado en la parte superior. Estilo collage digital con texturas de cartel de cine clásico y elementos de noticiero internacional.


La inteligencia artificial fue, como era previsible, uno de los ejes centrales del debate. No como una amenaza abstracta, sino como una realidad que ya está transformando cada eslabón de la cadena de producción y distribución. Los asistentes discutieron sobre cómo regular su uso sin ahogar la innovación, cómo proteger los derechos de los creadores y cómo garantizar que la tecnología no termine por homogeneizar la creación audiovisual.  También se habló de la necesidad de una educación visual temprana que prepare a las nuevas generaciones para un mundo saturado de imágenes sintéticas, y de la urgencia de repensar el modelo económico del sector ante la caída de los ingresos tradicionales. 

Pero la Cumbre Lumière también evidenció las tensiones y los límites de este tipo de iniciativas. Algunos medios franceses, como Le Télégramme, calificaron el objetivo de construir una "gobernanza mundial del cine" como "irrealista" y señalaron que, aunque la cumbre era "una buena idea", carecía de un poder vinculante real.  La ausencia de Meta (Instagram) y, sobre todo, de YouTube, acusado de competir deslealmente con el cine tradicional, fue un recordatorio de que las grandes plataformas tecnológicas siguen siendo actores ausentes en los debates sobre el futuro de la industria que han ayudado a transformar. 

La Cumbre Lumière fue, ante todo, un símbolo. El símbolo de que la industria del cine, acostumbrada a mirar a Hollywood como su centro gravitatorio, está buscando nuevas alianzas y nuevos liderazgos. Europa y Corea del Sur, dos potencias culturales con tradiciones cinematográficas sólidas pero con modelos de negocio diferentes, han decidido unir fuerzas para plantar cara a los desafíos de la era digital. La pregunta que queda en el aire es si este tipo de cumbres podrán traducirse en políticas concretas o si se quedarán en declaraciones de buenas intenciones.


El mensaje de fondo de la Cumbre Lumière es que la inteligencia artificial no es una moda pasajera, sino una fuerza estructural que está reconfigurando el séptimo arte desde sus cimientos. Los debates de Saint-Paul-de-Vence no se centraron en si la IA va a transformar el cine, porque eso ya es un hecho consumado, sino en cómo gestionar esa transformación para que no destruya el empleo, la diversidad cultural y la capacidad de contar historias que conecten emocionalmente con el público. 

Y en ese punto, la Inteligencia Audiovisual se convierte en el marco de referencia obligado. No se trata de una tecnología que viene a sustituir al creador, sino de un conjunto de herramientas que amplifica su capacidad de expresión. El cineasta del futuro no será el que rechace la IA, sino el que sepa integrarla en su flujo de trabajo sin perder su voz. La cumbre reconoció implícitamente que la batalla no es entre humanos y máquinas, sino entre un uso responsable, creativo y regulado de la tecnología y una adopción caótica que termine por homogeneizar la creación.

La Cumbre Lumière ha abierto una puerta. Ahora toca ver si la industria es capaz de atravesarla. Los próximos meses serán decisivos para observar si las conversaciones de Saint-Paul-de-Vence se traducen en alianzas concretas, en marcos regulatorios compartidos y en una hoja de ruta que permita al cine no solo sobrevivir, sino prosperar en la era de la inteligencia artificial. Como dijo Macron, la pantalla no es el enemigo. La pregunta es si sabremos usarla para educar, conectar e inspirar, o si nos dejaremos arrastrar por su corriente.

Conoce todos los detalles de la cumbre y las declaraciones de sus protagonistas en el artículo de Infobae: https://www.infobae.com/america/agencias/2026/09/06/francia-y-corea-reunen-a-la-industria-de-la-animacion-en-cumbre-con-180-figuras-del-sector/

Más temas