Un informe presentado esta semana en Bangkok estima que la inteligencia artificial reducirá la demanda de equipos de producción y postproducción en Tailandia entre un 40% y un 50% en los próximos tres a cinco años. Operadores de cámara, técnicos de iluminación y especialistas de postproducción son los perfiles más expuestos. Directores, guionistas y profesionales creativos, en cambio, se consideran esenciales. La pregunta que deja el dato no es técnica: ¿qué se pierde cuando el equipo se reduce y el oficio se concentra en unas pocas manos?
¿Qué es exactamente un equipo de rodaje?
No es solo un grupo de personas que ejecutan tareas. Es una comunidad de oficio, un espacio donde el conocimiento se transmite de los veteranos a los novatos, donde un foquista aprende a leer la luz de un director de fotografía, donde un ayudante de dirección aprende a anticipar los problemas antes de que ocurran. Ese aprendizaje no está en ningún manual. Está en el set, en las horas muertas, en los errores corregidos y en las soluciones inventadas sobre la marcha.
El dato de Tailandia, presentado por Sirisak Koshpasharin, vicepresidente de la Federación Nacional de Asociaciones de Cine y Contenidos, en el foro "AI-Powered Entertainment Industry 2026" de la Universidad de Bangkok, no es una predicción aislada. Describe una transformación que ya está en marcha en múltiples industrias. La IA reduce la dependencia de decorados físicos, equipos y edición manual. Y al hacerlo, comprime las capas de ejecución que durante un siglo han dado forma al oficio cinematográfico.
La IA - Inteligencia Audiovisual encuentra aquí su paradoja más incómoda. La tecnología promete liberar al director de las limitaciones técnicas, pero al mismo tiempo disuelve la estructura humana que hacía posible su trabajo. El director puede rodar con menos gente, pero también con menos maestros de los que aprender. La eficiencia se gana; la transmisión se pierde.
El fin del aprendiz
Todo oficio se sostiene sobre una cadena de transmisión. El aprendiz observa al maestro, imita sus gestos, comete errores y recibe correcciones. Ese proceso no es un lujo; es la condición de posibilidad de la excelencia. Un foquista no nace sabiendo mantener el foco en un plano secuencia con una steadycam. Un técnico de iluminación no nace sabiendo cómo rebotar una luz para que parezca natural. Lo aprenden en el set, con otros, durante años.
Cuando el equipo se reduce a tres o cinco personas, como ya ocurre en algunas producciones con IA, esa cadena se rompe. El director trabaja con un pipeline de modelos, no con un equipo de especialistas. Puede obtener resultados más rápido, pero ya no tiene a quién transmitir el oficio. Y los nuevos creadores, que empiezan directamente con IA, no pasan por el aprendizaje del set. Aprenden a escribir prompts, no a leer la luz. Saben generar una imagen, pero no saben por qué esa imagen funciona.
La sabiduría del set como conocimiento tácito
Hay un tipo de conocimiento que no se puede escribir en un manual ni generar con un modelo. Es el conocimiento tácito, el que se adquiere a través de la práctica y la convivencia. El filósofo Michael Polanyi lo describió como "sabemos más de lo que podemos decir". Un director de fotografía sabe cómo va a responder una película a una exposición determinada, pero no puede explicarlo con precisión. Lo sabe porque lo ha hecho cien veces, porque ha visto los resultados, porque ha corregido los errores.
La IA puede aprender de los resultados, pero no puede adquirir ese conocimiento tácito porque no tiene cuerpo, no tiene experiencia, no tiene memoria vivida. Puede replicar patrones, pero no puede entender por qué esos patrones funcionan. Y cuando el equipo humano desaparece, el conocimiento tácito desaparece con él. Se convierte en datos, y los datos, por definición, son explícitos. Lo que no se puede explicar, no se puede codificar. Y lo que no se puede codificar, se pierde.
El director como orquestador de agentes
Los defensores de la IA argumentan que el oficio no desaparece, se transforma. El director se convierte en un orquestador de agentes: define el guion, asigna tareas a modelos especializados, revisa los resultados y toma las decisiones finales. Según invideo, en producciones documentadas con IA, un director con quince años de experiencia en publicidad produjo un anuncio de dos minutos en tres días por unos 1.500 dólares, frente a un coste tradicional estimado de 100.000 a 500.000 dólares y dos meses de rodaje. La experiencia en el set, lejos de ser un lastre, se convierte en una ventaja: el director que sabe dirigir a humanos sabe dirigir a agentes.
Pero esa transformación tiene un coste que no siempre se menciona. El director que orquesta agentes ya no dirige a personas. Ya no negocia con un actor que no entiende una indicación, ni improvisa una solución cuando una luz falla, ni celebra con el equipo el plano que sale bien después de diez intentos. La dimensión colectiva del cine, la que hace que un rodaje sea algo más que una suma de tareas, se pierde. El cine se convierte en un acto solitario, y el oficio, en una habilidad individual.
Lo que no se puede automatizar
Hay algo que la IA no puede sustituir, y no es la creatividad. Es la presencia. Un actor que está en el set, rodeado de técnicos, respirando el mismo aire, reacciona de una manera que no puede replicar frente a una pantalla. Un director que mira a través de la cámara ve algo que no puede ver en un monitor de generación. Un equipo que trabaja junto durante semanas desarrolla una intuición compartida que no se puede programar. Esa presencia es la materia prima del cine, y la IA, por definición, carece de ella.
El informe de Bangkok lo reconoce implícitamente al señalar que directores y guionistas seguirán siendo esenciales. Pero la pregunta es si un director sin equipo puede seguir siendo director en el mismo sentido. La respuesta, probablemente, es que el oficio se divide en dos: el cine de gran escala, que seguirá necesitando equipos humanos para las producciones que requieren presencia física y colaboración en tiempo real, y el cine de bajo presupuesto, que se hará con IA y equipos mínimos. En el medio, una generación de profesionales formados en el set se quedará sin lugar donde ejercer su oficio.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la inteligencia audiovisual?
Es la disciplina que estudia la colaboración entre la visión creativa humana y las herramientas de inteligencia artificial en la producción de cine, televisión y vídeo. En este contexto, la inteligencia audiovisual no se limita a la ejecución técnica: plantea qué ocurre con el conocimiento tácito y la transmisión del oficio cuando el equipo humano se reduce.
¿Es cierto que la IA reducirá un 40% el equipo de rodaje?
Es una estimación para Tailandia en los próximos tres a cinco años, presentada en un foro académico por un representante de la industria. No es una predicción universal, pero coincide con tendencias documentadas en otras industrias: reducción de equipos, compresión de presupuestos y aparición de productoras gestionadas por una o pocas personas.
¿Qué perfiles son los más vulnerables?
Operadores de cámara, técnicos de iluminación, especialistas de postproducción y roles de ejecución que la IA puede automatizar. Los perfiles creativos, como directores y guionistas, se consideran menos expuestos porque su trabajo depende del juicio, la intención y la responsabilidad, no solo de la ejecución.
¿La IA sustituye al director?
No en el sentido de tomar decisiones creativas. La IA puede generar opciones, pero el director sigue eligiendo cuál es la correcta. Lo que cambia es el equipo con el que trabaja: menos personas, más agentes. El director se convierte en orquestador de modelos, no en director de personas.
Para pensar...
¿Qué se pierde cuando el equipo se reduce a una persona y un prompt? No se pierde la capacidad de hacer películas. Se pierde la capacidad de aprender a hacerlas. El oficio cinematográfico no se transmite por los manuales ni por los modelos. Se transmite en el set, en la convivencia, en el error compartido. Si esa cadena se rompe, el cine seguirá existiendo, pero será un cine sin maestros, sin aprendices, sin la memoria de quienes aprendieron haciendo. Y un oficio sin memoria es un oficio condenado a repetirse sin saber por qué.
El dato de Tailandia no es una sentencia de muerte para el oficio cinematográfico. Es una advertencia sobre lo que está en juego. La IA puede hacer que el cine sea más barato, más rápido y más accesible. Pero también puede hacer que sea más solitario, más homogéneo y más pobre en conocimiento tácito. La diferencia no está en la tecnología, sino en lo que decidamos preservar. Si valoramos el oficio, tendremos que encontrar formas de transmitirlo incluso cuando el equipo se reduzca. Si no lo valoramos, el cine seguirá produciendo imágenes, pero perderá la sabiduría que las hacía memorables.
Encuentra los detalles del informe y las declaraciones del foro en el artículo de Bangkok Post: https://www.bangkokpost.com/business/general/3346909/ai-set-to-slash-demand-for-film-crews
